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el bolso de Pili

al final de la calle habia tristeza

La calle hacia una ligera curva a la derecha, por donde se ponia el sol. Eran las cinco de la tarde y los romanos se movian deprisa, en vespas que bajaban la calle o se quedaban parados enfrente del cafe y al lado de las cristaleras de las terrazas.

Yo, mientras, bajaba la calle. Una calle de cine, famosa, y con gloria antigua. Yo, bajaba la calle, con frio, sin casa, cansada. Y al final, un luminoso de Martini cerraba los ojos y traia otras vidas, màs de verano.

Una sensacion, como la del bostezo que no llega. Como la del empacho sin comida. Como la del suegno cuando se ha dormido y sigue cercando los ojos y llenando de pereza la cama. Y he seguido bajando, hasta tocar con la punta de los dedos el cartel luminoso de Martini.

Alli lo he dejado. He girado a la derecha, justo por donde iba el sol y nos hemos ido a ver el espectaculo de la Fontana de Trevi donde a un lado estaba Roma y al otro, el mundo entero: china, japon, estados unidos, espagna, alemania... Y en el centro, un indu que vende rosas y otro con muchos ojos y manos de seda para apropiarse del olvido turistico.

Despues, un helado despacio en la Plaza de Spagna y al subir las escaleras, me he sacudido esa sensacion. Ya puedo volver a casa.

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